Acertijos
04.02.2012 | 03:00

JUEVES FUNESTO

*Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada. Camelot.

Escrito por Gilberto Haaz Diez
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El frío no se va. Hay que buscar acomodo y calor del bueno. Para eso está Veracruz.

Hago un pisa y corre a ese Puerto que ahora está vigilado por Marinos.

Hace un tiempo, en ese lugar llamado Estados Unidos, cuando una gente de color llamada Barack y apellidada Obama, en campaña prometía y prometía acabar con el terrorismo, en aquella frase que mucho penetró entre el electorado americano: “¡Yes we can’t!”, y que no era otra cosa más que, ‘Sí podemos’, el político ganó aquella contienda cuando el pueblo estaba harto de Bush y sus botas puntiagudas.

Tiempo después, se dedicó a crear estrategias para cortar la cabeza y liquidar, si era posible, a Osama Bin Laden, su Enemigo Número Uno.

Así lo hizo. Una mañana de tempestades y vientos de cola favorables, los Navy Seals de élite acabaron con ese hombre que solo pensaba en maldades y en terrorismo.

Estoy en ello porque eso mismo muy seguramente pensó el presidente Felipe Calderón cuando, al inicio de su mandato, vio que el país se nos deshacía entre las manos por la penetración de la delincuencia organizada.

‘Haigan sido las situaciones que haigan sido’.

Uno puede despertar y ver a sus hijos partir a las escuelas o a sus obligaciones de trabajo, o a las diversiones sanas, al cine o a dónde les apetezca ir.

Verlos salir y darles la bendición, que es lo más poderoso que como padres se les puede dar. Los ve uno salir ahora en este México donde cabalgan los Jinetes del Apocalipsis, y no se sabe si van a regresar sanos y salvos a casa.

Hay casos en el estado de hijos e hijas que han salido y no han vuelto a sus casas.

Secuestrados están por la maldad.

Es la condición humana más detestable que pueda ocurrir.

Alejar del entorno familiar a unos hijos o familiares.

Hace nada, en charla con un político encumbrado, le dije que nuestra generación iba a ser recordada como una generación del fracaso. Que dejábamos a nuestros hijos un entorno inseguro. Donde ellos mismos tampoco pueden saber si regresan a casa.

LOS SECUESTROS

En el tema estoy porque la tarde de ayer, mientras tomaba un café en Plaza Américas, saludé con gran afecto a apreciada  y distinguida dama, Nieves Sánchez Gómez, arquitecta de profesión, mujer culta y preparada que tomaba a la vez café con la señora madre de la bella veracruzana, Adriana Abascal. Nos saludamos, hablaban de Dostoievsky y de Jorge Ibargüengoitia, el escritor de ‘Dos crímenes’, aquel que falleció en accidente de aviación en Madrid, en el aeropuerto cuando volaba del Charles de Gaulle de París a Barajas.

En ese mismo instante, las redes sociales comenzaron a flashear

Los sonidos alertaron. Las malas noticias suelen volar muy rápido, y muy alto.

Un amigo me envió mensaje.

Habían atentado contra Miguel Ángel Yunes Márquez, exalcalde de Boca del Río, un buen alcalde que encementó buena parte de la zona donde pernocto cada vez que por allí voy, a Vía Muerta, donde vivimos las estrellas (Miguel Alemán Velazco no vive allí, a él lo pueden encontrar en Costa de Oro, acá la raza famosa y populachera).

No ocurrió nada, decía el mismo comunicado del amigo. Sano y salvo.

Menos mal. El horno no está para bollos y el estado no aguanta tantas turbulencias, creadas lo mismo por la maldad que por el año electoral en el que estamos inmersos.

Cuando no es una es otra cosa. Este gobernador, Javier Duarte de Ochoa, no debe dormir de todos los sobresaltos que se nos aparecen. Cuando no es Chana es Juana.

Cuando termine su sexenio, terminará graduado en imprevistos y sustos.

Éramos muchos y parió la abuela, dice el viejo refrán.

A nadie le sirve ningún atentado, llámese secuestro o intento de otra cosa.

No le sirve a nadie en este estado y en este país. De hecho nunca ha servido a nadie.

Solo a los malos que buscan desestabilizar.

Los cables de la Blackberry y los twiteros comenzaron a hacer su trabajo.

Se sabía que lo habían querido interceptar para un secuestro, según el comunicado de la familia Yunes Márquez, que llegó un poco más tarde.

Me acordé en ese instante del sufrimiento que debían tener los padres, Miguel Ángel y Leticia, y los hermanos y allegados. Nada hay como que intenten algo contra un hijo. Se te va la vida en ese instante.

El gobierno de Veracruz hizo lo suyo. Un helicóptero llegó a su rescate para el traslado. Las fuerzas federales y las estatales y municipales y la honrosa y gloriosa Marina-Armada de México, llegaron a la brevedad.

Baleada la camioneta, se piensa que pudo haber llegado a mayores cosas. Cosa que hoy nos lamentaríamos muchísimos, los que apreciamos la vida y la convivencia y la paz.

Sirve para que nos alertemos todos. El atentado no fue contra alguien común y corriente, Miguel ha sido diputado, alcalde y es funcionario federal con gran responsabilidad del presidente Calderón y del gobierno de la República. Es, además, hermano del precandidato al Senado e hijo de Miguel Ángel, quien ha servido lo mismo al Estado de Veracruz que a la República mexicana en las trincheras donde ha estado y fue candidato a gobernador de Veracruz en la elección pasada.

Una gente cercana al presidente Calderón y a Ernesto Cordero, con quien juega la partida interna panista.

Yunes le reconoció al presidente y al Gobierno del Estado, y a todos aquellos que llegaron en auxilio de su hijo y acompañantes.

“La familia Yunes Márquez reconoce y agradece el apoyo de las fuerzas armadas, policía federal  y del Gobierno del Estado de Veracruz y reitera su más firme respaldo a la valiente y patriótica decisión del Presidente de la República de combatir con toda la fuerza del Estado a la delincuencia que tanto ha lastimado a las familias mexicanas”.

Comentarios: haazgilberto@hotmail.com

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