Internacional
Sin embargo, su visión del tema difiere radicalmente. Para Sarkozy, candidato presidente de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), su país “no puede seguir recibiendo tantos extranjeros como hasta ahora”.
En declaraciones hechas la mañana de ayer a la televisión pública France 2 propuso reducir a la mitad el número de extranjeros que llegan cada año a su nación y “someter a un examen del idioma francés a toda persona que quiera venir, a fin de garantizar que será capaz de integrarse”.
Muchos dirigentes del UMP temen que este abrazo a la xenofobia y radicalismo sea un tiro en el pie que tenga consecuencias nefastas, tanto para su partido (que según la última encuesta perderá la presidencia), como para Francia y Europa.
Fin a la austeridad. En tanto Hollande delineó al rotativo Libération su estrategia para captar el voto del Frente Nacional: se dirigirá a los lepenistas que “no están obsesionados con la inmigración”, pero que se sienten “descontentos o excluidos del sistema, indignados con las élites y abandonados por la política”.
A ellos, dijo, les invita “encontrar su camino de vuelta hacia el lado del progreso, de la igualdad, del cambio, del esfuerzo compartido con quien está contra los privilegios, contra la globalización financiera, contra una Europa”.
Y dijo: “Si soy elegido, habrá un cambio de orientación de la construcción europea. Y se acabarán la austeridad y el libre comercio”. También prometió que durante su quinquenio dará el derecho al voto a los extranjeros no comunitarios en las municipales.
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