Cultura
03.08.2012 | 16:37

Sobre... La “naquería” del desfile de la delegación mexicana en Londres

Hagamos un paréntesis sobre el análisis panista. El asunto de hoy es de urgencia. Porque las noticias vuelan y al hacerlo se alejan.

Escrito por Tomado de Diario La Razón
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Sé que la Real Academia acepta ya naco, pero no le ha dado aún el visto bueno a sus derivados: naquismo, naquería, etc.; pero si en España aceptaron “aparcar” por estacionar y “atascamiento” por embotellamiento, sin olvidar el horrible “chequear”, nosotros tenemos derecho a nuestras expresiones. Hoy hablaremos de la vestimenta que los deportistas mexicanos “lucieron” durante la inauguración de los XXX Juegos Olímpicos de la era moderna.

No es bueno ser naco en la connotación de ignorante, cursi y torpe que damos aquí a ese vocablo, pero es peor demostrar que se es “naco” ante todo el mundo. Cuando pensábamos que habíamos salido del subdesarrollo, viene “alguien” de quienes manejan —y ganan mucho con ello— el deporte nacional y encarga a un modista de quinta, Armando Mafud, el diseño de los trajes regionales “estilizados”, que mostraron los atletas en ese evento visto por tres mil millones de seres humanos en todos los países de la Tierra.

Tenemos mala memoria, hace poco más de un año que en un programa inglés de automóviles, el comentarista nos puso como lazo de cochino por el “atrevimiento” de un constructor poblano de fabricar un auto deportivo mexicano. Lo menos que dijo fue que éramos “quesadilleros” sin mayor cultura. Entonces hubo reclamación diplomática, nuestro Embajador allá se dirigió a la BBC y ésta, creo recordar, se disculpó, pero el golpe ya había sido asestado.

Ahora bien, en esta ocasión, en lugar de presentarse como lo que son: deportistas más o menos aceptables, los disfrazaron de chinas poblanas, charros jaliscienses, chinacos de antaño, portando el resto, además, una enorme gama de trajes regionales “sofisticados”, a cual más inapropiado. Aquí se estila el sarape, no el jorongo que es de Sudamérica. Aquello no tuvo pies ni cabeza. Causó pena, no ajena sino propia, a millones de mexicanos quienes seguimos con emoción el fastuoso arranque de esos Juegos. Por otra parte, para empeorar el asunto los sufridos desfilantes, contra instrucciones recibidas, añadieron sombreros charros para completar el cuadro; así tuvimos que soportar “cubrecabezas” enormes azul cielo, amarillo congo, rosa mexicano y rojo frenesí.

¡Qué necesidad había de ofrecer ese “show” a nivel mundial! Un uniforme de pantalón blanco, saco azul marino y un sombrero panamá bastaba: pero no, había que distinguirse y como, a pesar de la inversión, andamos muy mal en el deporte, a algún “genio” se le ocurrió vestirlos de Mexican curios. Cierto que muchos atletas van a hacer poco más que nada, pero no es justo que les cobren el viaje con ese ridículo.

No conocemos la reacción de los miles de asistentes que presenciaron a esos imitadores de huehuenches, tampoco sabemos lo que en Europa, Asia, África, Oceanía y el resto de América los miles de millones de televidentes que estuvieron atentos a la inauguración hayan comentado respecto a ese espectáculo; pero sí podemos asegurar que más de un 80% de los mexicanos estamos más indignados que el Peje y los aguerridos #yosoy132 por el cochinero electoral en el que intervinieron destacadamente.

La reacción casi general (ojalá levantaran una encuesta al respecto) es que nuevamente dimos la nota, pero ahora a nivel internacional. ¡Bravo!

Lo único decente que queda es que el Sr. Bernardo de la Garza, uno de los pocos que puede hablar de corridito en la actual administración, presente su renuncia irrevocable, a su regreso. No importa si los deportistas mexicanos superan el trauma del folclórico desfile y traen a México 6 o 7 medallas, alguien tiene que pagar por ese bochorno nacional.

Nadie puede imaginarse a los atletas holandeses calzados con zuecos en ese desfile, a los gringos vestidos de pieles rojas con penachos en la cabeza, a los rusos trajeados a la usanza de los cosacos del Don, a los chinos con media cabeza afeitada, una larguísima trenza y las manos ocultas dentro de amplias mangas amarillas, a los italianos luciendo atuendos de gondolero, o a los griegos portando sus tradicionales falditas. Ciertos mexicanos sí se atreven a eso y más.

El galardón de nacos no nos lo quitan. Ganamos medalla de oro, plata y cobre (digo bronce) en la competencia de ridiculez. De eso podemos estar seguros.

Debemos estar muy pendientes del contingente mexicano que irá a Río de Janeiro en 2016, no sea que se les ocurra a los entonces responsables disfrazar a nuestros atletas de la siguiente forma: las damas de “adelitas” y los caballeros de “dorados de Villa” (y no me refiero a los tacos así denominados, aunque quién sabe).

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