Cultura
07.09.2012 | 10:55

Invita a llorar montaje de Roemer

El teatro está lleno de emociones y eso es lo que Roemer buscaba

Escrito por Dora Luz Haw/Agencia Reforma
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MÉXICO, DF.- Si dos hermanos gemelos son separados de niños y uno es formado en Alemania como miembro de las juventudes hitlerianas y otro crece como judío en Trinidad y Tobago para luego convertirse en oficial de la marina israelí, ¿Se parecerán en algo de adultos? ¿Qué podrán tener en común? ¿En qué se diferenciarán?

Qué determina la personalidad y el carácter de una persona, es una de las muchas cuestionantes que durante años ha intentado responderse el economista, abogado, administrador público y politólogo Andrés Roemer (Ciudad de México, 1963) y, aunque todavía no llega a una conclusión certera, el camino de su investigación lo llevó a escribir la puesta en escena Oskar y Jack.

El teatro está lleno de emociones y eso es lo que Roemer buscaba. De hecho no invita al público a divertirse con este montaje que dirige Raúl Quintanilla, sino a llorar.

"Quiero invitar al teatro a la gente a vivir, a conmoverse, a llorar, a reflejarse", aspira el autor quien asegura que hay pocas cosas que le ganen a la vanidad como el hecho de que, lo que se escribe, sea memorizado y actuado por alguien más.

"El problema del teatro es que dura sólo una temporada. Envidio a los arquitectos que pasan y siempre ven su edificio. Me apasiona la idea de que el placer de crear, que tus memes y tus ideas fluyan y permitan pensar a otras personas. Por eso me interesa el teatro", cuenta el economista.

De hecho, Quintanilla, quien también dirigió El otro Einstein, la anterior pieza dramática de Roemer, explica que decidió elegir un tono melodramático para contar esta historia, porque le interesaba desarrollar una puesta donde la emotividad es exacerbada.

"Es un género en el que se manifiestan las más altas intensidades que puedan existir", advierte el director, quien apuesta toda la credibilidad escénica en la capacidad de los actores, quienes tendrán que convencer al público que son gemelos aunque físicamente no tengan ningún parecido.

¿Qué tan libres son los seres humanos o qué tanto influye la carga genética en cada persona? Intenta dilucidar el estudioso quien ha sido profesor en el ITAM, en la Universidad de Harvard y en la Universidad de California en Berkeley, y lleva más de una década estudiando neurociencia y psicología evolutiva.

Siguiendo los estudios que ha impulsado Thomas Bouchard en relación de las parejas de gemelos, a fin de entender el origen genético y su determinación en el ser humano, Roemer retomó el tema y no sólo ha visitado el Centro Minnesota para la Investigación de Gemelos y ha realizado toda una investigación sobre el tema, sino que incluso localizó a Jack, uno de los gemelos que dan origen a su historia.

"Me llamó mucho la atención la historia de Jack y de Oskar (este segundo ya fallecido), porque creo que esta sola historia engloba muchos temas relacionados con el ser, entre ellos, aborda el tema de lo que te conforma, del libre albedrío, de la ansiedad por el estatus y el ser reconocido, así como del mundo sistémico en el que vivimos", detalla.

Cuando comenzó a escribir la obra, Roemer creía mucho en la libertad y responsabilidad de cada persona, sin embargo, tras sus pesquisas y haber leído los trabajos sobre libre albedrío de Sam Harris, descubre que muchas veces este libre albedrío es muy bajo.

Antes, comenta, era políticamente incorrecto decir que los genes eran primero y se creía que todo se debía a la cultura y que las personas son tabla rasa, sin embargo, hoy se sabe que los genes son mucho más determinantes de lo que se piensa, pero también lo es el orden en que se nace dentro de una familia, el tipo de amigos con los que se crece y la cultura en que se vive.

La puesta además, en la que actúan Silvia Mariscal, Carmen Delgado, Víctor Hugo Martín y Roberto Ríos "Raki", pone a debate, aunque no de manera central, la responsabilidad de las personas en un contexto como el del holocausto.

Interrogantes creativas

Las preguntas sobre el ser han llevado al politólogo Andrés Roemer a involucrarse académica y creativamente en la neurociencia y la psicología evolutiva. Actualmente prepara un libro que realiza al alimón con el francés Clotaire Rapaille, en donde hace un comparativo sobre los códigos culturales en diversos países.

Además compró los derechos de la pieza teatral La última sesión de Freud, que fue un fenómeno escénico en 2011 en Nueva York. La tradujo al español y espera montarla, y codirigirla con Raúl Quintanilla, antes de junio de 2013, fecha en la que se vencen los derechos.

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