Turismo
12:00 Estoy en la estación Atocha, en Madrid. Espero a que el tren bala salga a Toledo. Recargo la cabeza en la ventanilla, apenas empiezo a dormitar y ya hemos llegado en tan sólo 45 minutos. Lo primero que veo es un molino y un cartel que dice "aquí hay queso"; me recuerda al
Quijote y, como no, si he llegado a la comunidad de Castilla-La Mancha, donde Toledo es capital. Lo importantes es saber cómo subir al corazón de la ciudad que está sobre una colina empedrada.
12:40 Camino un poco hasta llegar a la parada del transporte público. Los taxis cobran alrededor de siete euros por llevarme hasta la puerta de la catedral. Los autobuses, un euro. Pero sólo requiero de un transporte, porque la mejor forma de conocer la ciudad es a pie.
Las torres y la cúpula de la catedral se pueden ver desde la estación de trenes. Hay una fila que espera entrar a conocerla, entre esas personas estoy yo, mientras leo que en 1227 fue puesta la primera piedra de esta construcción gótica que también tiene un poquito de barroco y mudéjar con sus
ladrillos que lo caracterizan.
14:30 Un pintor extraordinario, El Greco, dejó huella aquí. Busco entre la Plaza Alamillos y la calle Juan de Dios lo que fue su casa, dicen, y ahora es museo . Estaba en reparación y las mantas no me dejan ni una rendija para echarle un ojo y ver su interior.
A un lado se encuentra la iglesia de Santo Tomé. Resguarda desde 1588 la que se considera una de las obras excelsas de El Greco, El entierro del Conde de Orgaz , en la que aparece el autor y su hijo entre otros personajes. Además, resulta ser el cuadro más grande de todo el siglo XVI español.
15:30 Tengo que comer antes de que los negocios cierren para que la gente tome la siesta de 17 a 18 horas.
Entre a una cervecería, en la Plaza Zocodover, con gis escriben la variedad de tapas. Un poquito de jamón ibérico y otro tanto de queso manchego, así lo sirven cuando se pide una cerveza o una copa de vino. Liquido la cuenta, ellos están por irse a descansar.
16:45 Las tiendas que están abiertas son las de souvenirs y los talleres del damasquinado.
Un cincel decoraba un pedazo de cobre, mismo que después sería pintado a mano y algunas partes cubiertas con oro y plata Lo mismo hacen llaveros que aretes, sillas, mesas, cuadros, llaves, cucharas, floreros y vajillas. De eso también depende el precio. Me llevo unos pendientes
por cinco euros.
17:30 En Toledo abundan las mezquitas, algunas abiertas al público. Afortunadamente puedo entrar a Cristo de la Luz en donde destacan doce arcos en forma de herradura representando el arte islámico, pero también se modificó y se decoró con óleos románicos para adaptarla al culto cristiano. Aquí continúan excavando para dejar al descubierto una plaza romana que se halla a sus alrededores.
18:15 El sol ya empieza a ocultarse y antes de volver a Madrid tengo que llegar al Alcázar, palacio de los romanos y después fortaleza de los musulmanes. Los vientos alborotan mi cabello, estoy en el mirador de la ciudad a 548 metros de altura. Observo como poco a poco Toledo se alumbra de color blanco y ámbar. Sus cobertizos y callejones se llenan de nuevo.
20:00 Carlos, un paraguayo, me ayuda a llegar al autobús que lleva a la estación de trenes. Me interna entre los callejones, uno de ellos es Alfileritos. Dejo un alfiler tirado en la banqueta, según mi acompañante, hacerlo me traerá un novio. Antes de despedirme me dice que cuando vuelva le lleve unos discos de Bronco, el único grupo mexicano que conoce y del que es fan. A cambio me dará hospedaje.
Destacado

“Claro que si afectará, todo lo que sume para una mejor seguridad es bienvenido".
Minuto a Minuto




